La Corte Suprema de Chile condenó a siete militares en retiro a penas de hasta 25 años de prisión por el secuestro y muerte de Víctor Jara –una de las voces más reconocidas de la música popular de América Latina–, dos semanas y media antes de cumplirse 50 años desde que ocurrió el hecho al comienzo de la dictadura de Augusto Pinochet. PáginaI12 dialogó sobre la sentencia y sus consecuencias con la hija del cantautor chileno, Amanda Jara, una mujer que se define como «una sobreviviente como tantas otras que ha tenido que lidiar con el trauma y saber vivir con una rabia que trata de hacerla funcionar hacia algo positivo, que ayude a seguir adelante».

-¿A qué se debe que la justicia haya dado su veredicto 50 años después del asesinato?

-En Chile en particular ha habido un modelo de justicia transicional un tanto accidentado. La mayoría, diría todas las causas de derechos humanos en este país recién se empezaron a revisar y a darle curso a las investigaciones en este siglo. Antes de eso hubo una mezcla entre un poder judicial que no daba curso a las investigaciones y fuerzas armadas con un pacto de silencio sellado y estructurado, muy eficaz. A los soldados conscriptos que estuvieron haciendo el servicio militar, jóvenes, justo les tocó ese periodo, en donde los llenaron de miedo, que iban a ser castigados si hablaban en relación a lo que habían visto. Esto fue muy duro para todas las familias que fueron afectadas con este horror de Estado, pero en la organización y en la fuerza de hacer algo colectivamente se sacó adelante esto. Yo creo que fue a través de las mismas familias que fuimos capaces de empujar durante tantos años para que se empezara a dar curso ni siquiera a las sentencias, sino a las investigaciones.

-¿Qué sintió al saber que uno de los militares condenados se suicidó antes de ser capturado?

-No es la primera vez que sucede. La verdad, lo primero que sentí fue como un chispazo y se me confirmó después al enterarme que otros dos se habían fugado. Después me enteré de que hay cuatro fugados en el caso de Carmelo Soria (un diplomático español secuestrado, torturado y asesinado durante la dictadura de Pinochet). Ahí lo que en realidad se me viene a la cabeza es la falta de protocolo, la falta de eficacia de parte de la PDI (Policía de Investigaciones de Chile) para llevarlos detenidos. Esto es algo que no es novedoso, es muy predecible y lamentable, pero ¿quién soy yo para juzgar a alguien que se quiera quitar la vida? Ahí yo no tengo nada que decir, solo lamento lo que se está dando y peor aún que en los medios masivos de comunicación no hay información de esto, pero estas cosas no me quitan el sueño ni las ganas de seguir trabajando por un país que tenga conciencia sobre lo que son las violaciones a los derechos humanos y que sea libre de expresarse, con cultura, educación y memoria.

-¿La policía o la justicia le dieron alguna explicación sobre los dos prófugos?

-No, ninguna. Es tremendo, es triste. No se trata de que es lamentable para la familia de Víctor Jara o que es lamentable para la familia de Littré Quiroga –que fue fusilado junto con mi papá, o más bien asesinado con pistolas–, sino que esto es doloroso para el país entero. Yo escuchaba personas quejándose de la ceremonia (del aniversario 50 del golpe de Estado), porque se había cortado el tránsito y que era difícil andar en la ciudad de Santiago, con un desinterés profundo. Entonces… pucha… no se ha hecho el trabajo de educarnos. Es triste, pero no inmoviliza. Más bien, hay que seguir adelante.

-Hay expresiones que minimizan la dictadura chilena o que incluso reivindican la figura de Augusto Pinochet en tiempos de democracia. ¿Por qué cree que pasa esto?

-Es un problema del mundo entero, que la democracia está hecha pedazos. Los partidos políticos están hechos pedazos, ya no representan a nadie excepto ellos mismos. El individualismo está todo mercantilizado, todo es dinero. Yo ahí me siento tan vieja que recuerdo proyectos políticos, agrupaciones trabajando por una mirada pública, de varios. Esto ya no está sucediendo, es todo a corto plazo, hecho para ganar plata. Tampoco las leyes ya no nos protegen, más bien aseguran la riqueza de algunos. Es triste, pero es súper alentador cuando uno ve en pequeñas comunidades vecinos y vecinas organizadas por tener, por ejemplo, mercadería a buen precio, comprando colectivamente, o teniendo pequeñas granjas que se reparten. Ese tipo de iniciativas están volviendo, son súper minimizadas, no se habla de esto. Los medios están en otro lugar, pero se ve, se escucha y se siente eso, aunque por debajo. Y es ahí donde uno tiene que estar arraigado y no en esos discursos que son… hay mucho aire caliente aquí, mucho discurso que se eleva y después se deshace y no queda en nada. Incluso la ultraderecha que se ha vestido con las capas de Pinochet, pero yo estoy convencida de que el pueblo chileno no va a aceptar esta nueva propuesta de constitución que ellos están dibujando ahora.

-¿Cuál es el legado de Victor Jara a 50 años de su asesinato?

-Es bien difícil de responder para mí, que estoy afectada con esto, pero yo creo que mi papá es una inspiración para distintas generaciones. Pienso que la música es una forma de expresión que es universal, que va más allá del lenguaje y que toca nervios distintos. He visto en mi vida cómo la música de mi papá es interpretada de distintas formas por personas de diferentes edades, incluso versiones traducidas en otros idiomas. En 2019, justo antes del estallido social aquí en Chile, escuché a una banda japonesa interpretando “El Derecho de Vivir en Paz” y realmente se conjugaron tantas cosas ahí… así que yo creo que mi papá, a través de su música, ha sido una inspiración para poder expresar lo que nos pasa como personas y es muy lindo.

Entrevista: Axel Schwarzfeld