Los gritos de «Dina asesina» con que dos activistas interrumpieron esta semana en Nueva York un foro sobre inversiones durante la disertación de la presidenta de Perú, Dina Boluarte, grafican los pobres resultados del segundo viaje oficial al extranjero de la mandataria, según evaluaron analistas.

«Los peruanos en el exterior condenamos su Gobierno asesino», gritaron los activistas, mientras los presentes en el foro trataban de contrarrestar con aplausos para Boluarte, cuya presencia en Estados Unidos presuntamente buscaba aliviar la aparente soledad en que se halla en el plano internacional.

La sombra de la represión

En su viaje de esta semana, que tuvo como punto central el discurso ante la Asamblea General de la ONU, la presidenta ya había tenido que soportar la cercanía de personas que a gritos la culpan por las muertes de 49 personas -o 77 si se tienen en cuenta hechos colaterales- en el marco de las protestas que vivió Perú entre diciembre y marzo pasados.

«Estamos escuchando una vez más una narrativa falsa; un grupo interesado desde Perú moviliza a gente pagada para que haga este tipo de shows», replicó Boluarte durante el foro, vinculado a la Alianza del Pacífico, el grupo integracionista formado además por Chile, Colombia y México y del que Perú ocupa actualmente la presidencia rotativa.

No obstante, Boluarte, quien ejerce la jefatura de Estado desde que su antecesor Pedro Castillo fuera destituido y detenido en diciembre tras un fallido intento de cerrar el Congreso, no identificó al supuesto grupo instigador ni indicó en qué se basa para asegurar que son activistas pagos.

La excusa de la herencia recibida

La mandataria trasladó las culpas al «gobierno corrupto» de Castillo. «Las instituciones de mi país se pusieron firmes frente a ese golpe de Estado (de su antecesor y excompañero de fórmula) y soportamos casi 500 manifestaciones, todas violentas, con toma de aeropuertos. Y sabemos que eso se cataloga como terrorista», agregó Boluarte ante los participantes de varias nacionalidades en el foro.

«El problema es que ‘el gobierno corrupto de Castillo’ es también el gobierno de ella (Boluarte). A los peruanos nos puede engañar, pero afuera no se engaña fácilmente»,
reaccionó en Lima la analista Rosa María Palacios, al recordar que la mandataria fue vicepresidenta y ministra de Inclusión Social durante el año y medio de la administración de Castillo.

«Para ganarte la inversión extranjera debes tener credibilidad y para tener credibilidad tienes que decir la verdad», afirmó Palacios en su programa de televisión Sin Guion. Para la analista, el problema son los muertos de las protestas, la vinculación con Castillo y la falta de un clima adecuado en un país «donde no hay seguridad jurídica».

Derrota diplomática

«Las cosas no fueron bien para Dina Boluarte (en el viaje) porque fue difícil conseguirle citas, reuniones», resaltó la analista. «Es una derrota diplomática, porque los países no están buscando tomarse fotos con Dina Boluarte», insistió.

Boluarte tardó ocho meses en viajar por primera vez al exterior, pues antes fue necesario que el Congreso, su aliado, le habilitara la posibilidad de gobernar a distancia ante la falta de un vicepresidente que la reemplace en su ausencia, como exige la Constitución.

El primer viaje fue en agosto a la Cuarta Reunión Presidencial del Tratado de Cooperación Amazónica, en Brasil. Pero las mayores expectativas estaban cifradas en Nueva York, por el discurso ante la ONU, la participación en foros paralelos y la posibilidad de encuentros bilaterales con colegas presentes.

El discurso en la Asamblea de la ONU

El discurso ante la Asamblea de Naciones Unidas, donde hubo críticas al accionar de Boluarte, fue «poco internacional, muy de agenda interna», construido «sobre la base de necesidad de supervivencia que tiene el gobierno», consideró el analista en temas internacionales Óscar Vidarte.

«Habló de derechos humanos, de democracia, incluso de la Comunidad Andina y la Alianza del Pacífico, con el objetivo de decirle al mundo que Perú no está aislado (…). Tratando de posicionar a Perú y ganar legitimidad, que es justamente lo que le falta», dijo Vidarte en el programa de radio No Hay Derecho.

Ignorada

En cuanto a los eventos paralelos, el foro de inversiones se vio entorpecido por la protesta y en una cita sobre asuntos climáticos no se le dio espacio como oradora, a diferencia de sus colegas de Chile, Gabriel Boric, y Colombia, Gustavo Petro.

En cuanto a encuentros bilaterales, las críticas fueron ásperas, pues solo se pudo lograr una reunión con Boric y con el presidente de Paraguay, Santiago Peña. De hecho, el encuentro con el mandatario chileno fue catalogado como lo más importante del viaje, por la fuerza de la relación bilateral.

Las críticas arreciaron después de que se hablara de una reunión con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, para supuestamente abordar la relación bilateral, pero desde Washington se aclaró que hubo apenas un breve saludo para una foto protocolar.

El Gobierno de Boluarte ha tenido dificultades para insertarse en la comunidad internacional, pues las posturas han fluctuado básicamente entre el abierto rechazo -en especial de México y Colombia- y una aceptación sin mayores expresiones de simpatía.

Rechazo popular

Eso le ha complicado a una presidenta que además, según las encuestas, es rechazada por más del 80% de los peruanos y tiene como principal soporte a un Congreso desaprobado por más de 90%, lo que, según analistas, puede hacer problemático su accionar hasta 2026.

«Las cosas para Dina Boluarte no salieron bien en esta gira, pero tal vez sirva para algo: para que reaccione, porque es evidente que habrá podido ver cuál es su situación y cuál su soledad en el contexto internacional», enfatizó Palacios.