El asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio expone con crudeza la gravísima situación que vive Ecuador. A diez días de las elecciones, el hecho reafirma la deriva hacia una violencia incontrolable en el país. El político acribillado a balazos el miércoles a la salida de un acto de campaña, es la víctima más célebre entre miles de ecuatorianos que murieron en los últimos años por ataques de las bandas criminales. Un solo dato basta para explicarlo: de 2021 a 2022 los homicidios subieron de 2.464 a 4.450. Y las estadísticas de este año van en progreso. Entre el 1 de enero y el 2 de julio de 2023, ya hubo otros 3.568. 

El periodista de 59 años que encabezaba la fórmula de la fuerza Movimiento Construye había recibido amenazas que se materializaron cuando salía del Colegio Anderson en Quito, la capital. Una banda narco local, Los Lobos, se adjudicó el ataque en un video pero casi de inmediato otro grupo del mismo origen la desmintió. Los primeros aparecieron ocultos con pasamontañas y los segundos – para diferenciarse – a cara lavada. El ministro del interior, Juan Zapata, definió el caso como “un crimen político con carácter terrorista”.

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Villavicencio había denunciado a otra organización local, Los choneros, como responsable de las amenazas de muerte a que era sometido. Aliados del Cártel de Sinaloa, estos rivalizan por el control de territorios para el narcotráfico con Los Lobos, que son socios del Cártel Jalisco Nueva Generación. Las dos bandas criminales mexicanas extendieron sus disputas al Ecuador hace al menos dos décadas. El periodista las venía investigando. Las fuerzas de seguridad que repelieron el ataque mataron a uno de sus asesinos y tuvieron tres efectivos heridos. En el lugar se hizo detonar un explosivo y también se encontraron 64 vainas servidas. Horas después, en un allanamiento policial al sur de Quito se detuvo a seis colombianos presuntamente implicados en el crimen.

Los otros candidatos

Los restantes siete aspirantes a la presidencia condenaron el homicidio. Luisa González, del correísmo, quien lidera las encuestas y su referente político se expresaron sobre el hecho. La primera dijo: “Con indignación recibo la terrible noticia del atentado que produjo el fallecimiento de Fernando Villavicencio, esto nos enluta a todos”. El exmandatario escribió en Twitter, ahora X: “Ecuador se ha convertido en un Estado fallido. Dueles Patria. Mi solidaridad con su familia y con todas las familias de las víctimas de la violencia. Los que pretenden sembrar aún más odio con esta nueva tragedia, ojalá entiendan que aquello tan solo nos sigue destruyendo”.

La seguridad del Estado no es ajena al crimen de Villavicencio, quien cuestionaba y acordaba al mismo tiempo con el presidente, el banquero Guillermo Lasso. Fausto Salinas, el comandante general de la Policía Nacional, declaró que el vehículo blindado del candidato “estuvo en un mitin político en Guayaquil”, por lo cual no se encontraba disponible cuando sucedió el crimen en Quito. Un video tomó los últimos segundos de vida del político cuando era acompañado hacia una camioneta por su mínima custodia. De inmediato, se escucharon decenas de balazos. Tres impactaron en su cabeza.

La muerte de un postulante a la presidencia – que en ciertas encuestas marchaba segundo en la intención de voto detrás de González – demuestra que las estadísticas criminales de Ecuador hacían propicio un escenario como el actual. Contaminado de hechos violentos. La cabeza de Lasso tuvo precio para Los Choneros que ofrecían a quien estuviera dispuesto a matarlo 10 millones de dólares. “Te acuestas con muertos y te levantas con muertos”, cuenta un periodista local a cámara en un informe televisivo. El mismo trabajo que señala cómo el país ubicado en la mitad del planeta, se transformó en el segundo de toda la región en incautar drogas, solo por detrás de Colombia. Entre marzo de 2019 y el mismo mes de este año, se descubrieron 670 toneladas de narcóticos.

Los especialistas trazan una línea de tiempo cuando hablan de Ecuador transformado en territorio cooptado por el narco. En 1990 era un país de tránsito que en 2013 pasó a ser un centro de acopio y ya en 2014/2017 se transformó en lugar de procesamiento de drogas sin ser productor. La presencia de los cárteles mexicanos más poderosos y también de la mafia albanesa – el cártel de los Balcanes – contribuyó a aumentar la exportación hacia Europa. Hoy más rentable como mercado que hasta el propio Estados Unidos. En países europeos un kilo de cocaína puede duplicar el valor a que se vende en EE.UU. La droga sale desde varios puertos del Pacífico. El más importante es el de Guayaquil, la segunda ciudad más importante del Ecuador.

Las matanzas entre bandas rivales en las cárceles del país también detonaron la crisis actual. Según el último censo penitenciario, hay 31.319 detenidos en 36 presidios ecuatorianos. Uno de los capos criminales más poderosos, José Adolfo García Villamar, alías El Fito, es la cara visible de Los Choneros. Socio en negociados ilícitos con el Cártel de Sinaloa del Chapo Guzmán, su poder lejos de decaer, creció en la prisión donde está detenido desde 2011, en la provincia de Guayas. Fue condenado a 34 años por los delitos de narcotráfico, delincuencia organizada y asesinato. Pero se graduó de abogado en la cárcel y el 25 de julio pasado, sentado a una mesa y rodeado de un grupito de detenidos, montó una puesta en escena donde anunciaba su contribución a la paz.

“Ecuatorianos, yo José Adolfo, en vista de los últimos acontecimientos que se han dado en el país, me he visto en la obligación moral de llegar a un acuerdo de paz”. Los hombres que lo rodeaban sacaron las pistolas que llevaban ocultas en los bolsillos y otro de ellos colocó un fusil de asalto sobre el escritorio desde el que hablaba El Fito.

Villavicencio no cejaba en sus denuncias, todo el tiempo. Tenía casi una obsesión con el expresidente Rafael Correa. Había aportado pruebas en la causa por corrupción donde se lo condenó en abril de 2020 junto a otros funcionarios de su gobierno. El histórico referente del movimiento Revolución Ciudadana lo había querellado años antes cuando aquel lo acusó de haber montado un auto-golpe de Estado en 2010 mientras la Policía ecuatoriana se rebelaba contra el gobierno. También lo denunció como un engranaje clave al servicio del lawfare.

Sindicalista en la industria petrolera en su juventud, militante de izquierda – que él mismo llamaba moderada – y luego devenido político de centro, Villavicencio vivió siempre al límite, poniendo el cuerpo. Cruzado convencido de que Rafael Correa encarnaba el mayor de los males para Ecuador, solía apoyarse en Estados Unidos para denunciarlo. En junio de 2016, una investigación del canal Telesur lo relacionó con la CIA en una conspiración para desestabilizar al gobierno del expresidente – hoy residente en Bélgica – junto al exdirector de inteligencia de las Fuerzas Armadas, Mario Pazmiño y agentes encubiertos.

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