Bolivia atraviesa una situación política muy complicada, mientras define nuevos desafíos económicos que incluyen la firma de acuerdos con China y Rusia para la extracción de litio en el país que tiene la mayor reserva mundial de ese mineral. Partido en dos, el gobernante Movimiento al Socialismo (MAS) se desgasta en una interna entre el presidente Luis Arce y su líder histórico, Evo Morales, que lleva más de dos años. 

La crisis es de tal magnitud que intervino Cuba para mediar y se produjo un encuentro entre los dos políticos el sábado pasado en La Habana, que no arrojó resultados positivos. Lo que parece una irreversible ruptura en el oficialismo, llevó a que se mencionara la creación de una nueva fuerza liderada por el actual mandatario: el Instrumento Política por la Soberanía de los Pueblos (IPSP). Según el senador arcista, Félix Ajpi, un acercamiento ya es “imposible, porque la fractura es demasiado grande”. Evo reconoció el viaje: “he sido invitado por autoridades del pueblo revolucionario de Cuba”.

El último acto juntos

El conflicto escaló desde el 26 de marzo pasado, cuando durante el último encuentro donde se mostraron juntos en público en Cochabamba, el exmandatario criticó a su sucesor. Hacia las elecciones de 2025 se vislumbra un escenario de división en el oficialismo que la derecha, solo por ahora, no capitaliza porque también está fragmentada.

La crisis de la fuerza que gobierna Bolivia desde el 22 de enero de 2006 y que solo interrumpió el golpe de Estado contra Evo en noviembre de 2019, creció en medio de denuncias cruzadas, aunque había nacido casi con la llegada de Arce al poder. Desde la cúpula del MAS se acusa al actual presidente de “traición” y de que sus funcionarios son una “burocracia” ajena al partido.

Claudia Espinoza Iturri, ex-viceministra de Políticas Comunicacionales en 2012, analista y periodista, describe el contexto actual en diálogo con Página/12: “Nuestra principal preocupación es que queremos mantener la democracia y que no avance la derecha, porque aún desarticulada, si le fuera mal al gobierno de Arce, nos va a ir mal a todos. Pero también rechazamos la persecución a Evo, instamos a un llamado a la unidad y no a elegir entre dos liderazgos de nuestra historia. Y aunque no podemos pretender que todo sea perfecto, tampoco debemos alimentar las divisiones internas”.

El peso de Evo

El peso específico de Morales y su poder de convocatoria intacto, han opacado el mandato del cuestionado Arce. Pero en esa puja podría emerger una tercera vía dentro del oficialismo: el presidente del Senado, Andrónico Rodríguez, un joven político surgido del Trópico de Cochabamba y tercero en el orden de sucesión, quien se reconoce en el liderazgo histórico de Evo aunque trata de hacer equilibrio en la interna para que el gobierno no termine acorralado por su propio partido.

El vicepresidente del Movimiento al Socialismo, Gerardo García, fue uno de los más duros con Arce. El 13 de junio lo acusó de buscar su reelección con otra estructura política. “Hemos visto que ahora nos ha traicionado, es lo peor. La traición es lo que más duele”, declaró. Incluso fue más allá: lo definió como “el peor enemigo del MAS”. Estas expresiones que ubicaron al jefe de Estado boliviano por fuera del partido, las respondió la ministra de la Presidencia, María Nela Prada: “Lamentamos profundamente y rechazamos de manera firme y plena estas declaraciones. No hemos traicionado ni traicionaremos los principios de nuestro movimiento político”.

La funcionaria también se refirió a un documento del MAS que según ella “es un error histórico” y al que definió como “veto a la democracia interna”, porque “en momentos como estos necesita ser más fortalecida que nunca”. La conducción del partido votó prohibirles a las autoridades del Estado – ministros, viceministros y directores que responden a Arce- más los demás funcionarios del gobierno, su participación en congresos y encuentros ampliados de la fuerza.

Peligro de fractura

Otro de los políticos cuestionados es el vicepresidente, David Choquehuanca. En su caso, la crítica se la hizo el propio Evo a principios de junio cuando le recordó que había llegado al cargo con el respaldo del MAS y le reprochó: “…cómo es posible que el hermano David haga campaña diciendo que hay que ser apolítico o apartidario”. En ese contexto, cuestionó lo que definió como una “derechización” del gobierno y de su exministro de Economía a cargo hoy de la presidencia del país.

Las diferencias entre los dos sectores no empezaron este año, pero si se agudizaron. Después del acto en el Trópico de Cochabamba donde Evo cruzó al presidente en el 28° aniversario del MAS, la destitución de un alto funcionario de Arce en la Asamblea Legislativa y su restitución en el cargo horas después, llevaron la disputa oficialista al extremo.

Eduardo Del Castillo, el actual ministro de Gobierno, había recibido una moción de censura de las dos bancadas opositoras Comunidad Ciudadana (CC) y Creemos, a las que se sumó el ala del MAS que responde a Morales. Fueron 101 votos en su contra y 42 a favor los que recibió. Cuando se lo repuso en su cartera, apuntó directo al sector de Evo: “Hoy, le guste a quien le guste, el conductor de la revolución es el presidente Luis Arce y él está cumpliendo”.

Al ministro se lo responsabiliza por un escándalo de autos robados en Chile, que se suma a otro de narcotráfico donde el gobierno quedó salpicado por su demora en informarlo. Al caso se lo conoce como Narcovuelo. Tiene ramificaciones en España a donde llegó un avión cargado con 478 kilos de cocaína en una aeronave privada desde el aeropuerto de Viru Viru en Santa Cruz de la Sierra, el 11 de febrero pasado.

La sombra de la corrupción

Hay varios detenidos por el hecho entre funcionarios de la estatal Boliviana de Aviación, los dueños de una empresa de courier que se usó como pantalla y se sospecha de las fuerzas de seguridad, ya que Arce desplazó a toda la Dirección Departamental Aeropolicial que intervinio en la supervisión del embarque.

La interna del MAS condimentada con estas graves denuncias por corrupción y narcotráfico, colocó en serios aprietos al primer mandatario que tiene dos años y medio más de gobierno por delante. Aun así, Arce presentó la semana pasada un acuerdo con las empresas Citic Guoan de China y Uranium One Group de Rusia para apelar a sus tecnologías de extracción directa del litio (EDL) en dos salares bolivianos que ampliarán su capacidad de producción en una actividad en la cual había colocado su mirada Estados Unidos. Recuérdense las declaraciones de la jefa del Comando Sur, la generala Laura Richardson, sobre el interés de su país en el triángulo del litio que integran Bolivia, Argentina y Chile.

La inversión en Bolivia por parte de Rusia y China –enfrentadas con EE.UU.– suma 1.400 millones de dólares y en este aspecto estratégico de la economía, al menos, no hubo disidencias entre los dos sectores del MAS. Evo no cuestionó el acuerdo y se encontró un resquicio de paz transitoria.

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