El presidente Lula da Silva asegura que Brasil «volvió a la normalidad» tras su regreso al poder, pero todavía queda por recomponer los lazos con el Ejército, muy presente en el anterior gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro.

Las tensiones quedarán, al menos aparentemente, estacionadas este jueves durante el desfile de las Fuerzas Armadas con motivo del Día de la Independencia, un acto presidido por el líder izquierdista en Brasilia.

Bajo el mandato de Bolsonaro, los militares tuvieron gran protagonismo, inclusive en altos cargos del gobierno.

Integrantes de su base electoral, Bolsonaro contó con los militares en su carrera por la reelección frente a Lula en los comicios de 2022, marcados por una fuerte polarización.

Y todavía resta por aclarar si miembros de las Fuerzas Armadas jugaron algún papel en la asonada del 8 de enero, cuando miles de bolsonaristas vandalizaron las sedes de los tres poderes en Brasilia, pidiendo que los militares derrocaran el gobierno de Lula que acababa de asumir.

Unión y democracia

El presidente dijo el martes que quiere que la celebración de este 7 de septiembre vuelva a ser «de todos», en un clima de «democracia» y «unión».

«Hay un clima más civilizado en el país», dijo el analista político Marco Antonio Carvalho Teixeira, de la Fundación Getulio Vargas.

«Las vísperas de los festejos son prueba de ello: no hemos visto tensiones ni amenazas de ruptura institucional», agregó Teixeira, en alusión a la política que marcó el mandato de Bolsonaro.

Aunque la relación de Lula con los militares continúa siendo «muy delicada», advirtió.

Lula, un exlíder sindical que se opuso a la dictadura y gobernó el país entre 2003 y 2010, ha vivido momentos de tensión con los uniformados desde que regresó al poder el 1 de enero.

Tras la asonada en Brasilia, despidió al comandante del Ejército. Y su gobierno impulsa un proyecto de ley para prohibir que los militares en activo tengan cargos políticos.