El Ejército israelí realizó la mayor incursión militar en casi 20 años en el campo de refugiados de Yenín, en Cisjordania ocupada, que dejó hasta el momento 11 palestinos muertos y más de 100 heridos, al tiempo que más de 3000 residentes huyeron.

La operación entra en su recta final y podría terminar en las próximas horas ante la poca resistencia de las milicias palestinas, mientras que el campo de refugiados quedó totalmente destrozado, sin luz ni agua. «No hay ningún punto del campamento en el que no hayamos estado, incluido el centro. Cada unidad recibirá hoy sus objetivos y los inspeccionará. Si tenemos fricción con los terroristas, lucharemos con ellos», afirmó el portavoz del Ejército israelí, Daniel Hagari, después de que las tropas llevaran a cabo durante la noche redadas, emboscadas y destrucción de laboratorios de explosivos.

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, emitió un comunicado en el que reclamó el fin del ciclo de violencia. «La reciente operación en Cisjordania ocupada y el atentado con un coche en Tel Aviv subrayan de manera preocupante un esquema familiar de acontecimientos: la violencia solo engendra más violencia» afirmó. Asimismo, advirtió que la utilización de bombardeos en zonas ocupadas puede equipararse con homicidios intencionados, considerados un crimen de guerra dentro del tratado fundacional del Tribunal Penal Internacional (TPI).

La respuesta palestina

Como represalia por la incursión, un palestino atropelló intencionalmente con un vehículo a varios peatones y luego apuñaló a otros más. El agresor murió tras recibir el disparo de un civil, informó la policía israelí e indicó que «siete personas resultaron heridas en el incidente: tres de ellas en estado grave, dos con pronóstico reservado y dos en estado leve, que fueron evacuados a los hospitales de Bilinson e Ichilov».

La agencia de seguridad israelí, Shin Bet, afirmó a los medios locales que el
atacante fue identificado como Abed al Wahab Jalaila, un joven habitante de 20 años de la
cisjordana ciudad de As Samu, que no tenía permiso de entrada a Israel. Sus acciones no fueron reivindicadas por ninguna facción, pero sí celebradas por Hamás y la Yihad Islámica como una «heroica reacción a los crímenes de la ocupación en Yenín».

Durante una visita al puesto de control militar de Salem -cerca del campo de refugiados de Yenín-, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, condenó el ataque del joven palestino y advirtió: «Quien piense que esto nos disuadirá de continuar nuestra lucha contra el terrorismo está equivocado. Simplemente no está familiarizado con el espíritu del Estado de Israel, nuestro gobierno, nuestros ciudadanos y nuestros soldados».

La Liga árabe

Mientras tanto, la Liga Árabe realizó una reunión de emergencia para condenar la
operación del Ejército de Israel y manifestó su apoyo
al derecho de autodefensa de los palestinos
. «La Liga afirma la centralidad de la causa palestina para toda la nación árabe, y apoya los derechos inalienables del pueblo palestino, como el derecho a la legítima defensa frente a la agresión israelí que tiene como objetivo sus vidas y sus bienes sagrados», expresó el organismo panárabe en un comunicado al término del encuentro en su sede en El Cairo.

Ante estos hechos, el organismo adoptó una serie de medidas, como exigir a la comunidad internacional que presione a Israel» para que permita que un comité de investigación acceda a territorio palestino para realizar pesquisas sobre las «violaciones contra los palestinos». Asimismo, acordó intensificar el nivel de contacto con el Consejo de Seguridad de la ONU, «con el objetivo de implementar resoluciones internacionales relacionadas con el cese de todas las formas de agresión israelí contra los palestinos».

La Liga Árabe, cuyos miembros son férreos defensores de la causa palestina, habitualmente celebra reuniones de emergencia cada vez que hay un repunte de tensión en el conflicto israelí-palestino, si bien las medidas que toma habitualmente no tienen grandes implicaciones. El organismo tampoco
tomó medidas cuando varios de sus miembros, como Emiratos Árabes Unidos o
Baréin, establecieron relaciones con Israel en 2020, pese a las reticencias de
sus poblaciones y de otros países.

El centro de la batalla

Creado en 1953, el campo de refugiados de Yenin es un bastión de la lucha armada palestina desde la época del Mandato Británico entre 1922 y 1948 y escenario del episodio más letal de la Segunda Intifada entre el 2000 y el 2005. Este lugar alberga una población estimada en más de 20.000 personas en un área que no llega al medio kilómetro cuadrado, según cifras de la UNRWA, la agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Próximo.

Los residentes del campo sufren una de las tasas más altas de desempleo y pobreza de Cisjordania, que se agravaron desde que Israel revocó muchos permisos de trabajo entre sus habitantes y los fuertes controles de seguridad frenaron el flujo de árabes e israelíes que acudían a la zona a comprar productos agroalimentarios más baratos. 

En el último año se convirtió en el principal objetivo de las redadas militares del Ejército israelí, que entra al campo para detener a lo que ellos consideran «sospechosos de terrorismo», que son jóvenes milicianos que se unieron en la Brigada de Yenín, que aglutina a las milicias de todas las facciones palestinas, cada vez más armadas y preparadas militarmente. Por ello, Israel lanzó durante la madrugada del lunes la mayor operación militar a gran escala en dos décadas, por tierra y aire, en el campamento.