Desde San Pablo

Lula da Silva ya está clasificado para los octavos de final en la Copa del Mundo en Qatar donde lleva adelante un partido paralelo con su rival Jair Bolsonaro. El futuro presidente celebró los dos goles, uno de ellos memorable, del ídolo emergente Richarlison y las victorias del combinado nacional frente a Serbia y Suiza, con las que se garantizó el pase a los octavos.»Vamos a ganar el hexa(campeonato)» pronosticó.

Hincha histórico de Corinthians y exjugador en los picados del sindicado de metalúrgicos en el cordón industrial paulista , Lula fue fotografiado junto a su esposa la sociólogo Rosángela, ambos con camisetas amarillas de ribetes verdes. La intención de Lula es recuperar las casacas del seleccionado como símbolos de unidad nacional. Pretende que esa indumentaria deje de ser patrimonio del bolsonarismo.

En sus cuatro años de gobierno el mandatario de ultraderecha movilizó cientos de miles de personas luciendo las remeras del seleccionado con el número 10 de Neymar en la espalda. Y así logró que el amarillo sea identificado como el color de los ultras. El propio Bolsonaro votó con esa camiseta en los comicios presidenciales del 30 de octubre que ganó Lula, del Partido de los Trabajadores (PT).

Bolsonaro y Neymar

A contramano de las celebraciones lulistas por los triunfos de la selección el jefe de Estado permanece en el ostracismo: recluido en la residencia oficial de Alvorada, frente al lago de Brasilia, no ha pronunicado prácticamente una palabra sobre la Copa.

Hundido en el aislamiento, frecuentado por militares y cada vez por menos dirigentes políticos conservadores, Bolsonaro parece estar a un paso de ser eliminado políticamente de este Mundial donde ha sufrido una serie de derrotas.

La más notoria fue haber apostado a su alianza con Neymar, el astro lesionado en el tobillo derecho, lo cual le impedirá actuar el próximo viernes ante Camerún y ya lo tuvo fuera de campo este lunes en el partido contra Suiza.

El crack del Paris Sain-Germain, que nunca llegó a ser amado por la hinchada, rifó su imagen al embarcase en la reelección del presidente. Grabó un video en octubre desde Francia donde instó a votar el número 22 de la candidatura oficialista.

La simpatía entre ambos viene de lejos: el atacante se posicionó del mismo lado que el presidente cuando éste instó a burlar el aislamiento para evitar el contagio del coronavirus, dolencia que costó más de 688 mil muertes.

Como en el ´70

Bolsonaro estaba casi seguro de su victoria en el ballotage contra Lula e imaginaba hacer del Mundial de Qatar un pretexto para la apoteosis nacionalista y anticomunista. «Estoy orgulloso del patriotismo renaciente en tantas casacas amarillas» dijo en el acto golpista del 7 de setiembre, por el Bicentenario de la Independencia. «El enemigo es interno», proclamó más de una vez al pedir que la izquierda y el PT sean «extirpados».

Al mezclar anticomunismo y fútbol intentó recrear lo hecho por el general Emilio Garrastazú Médici en 1970 con la conquista del tricampeonato en México. Si la dictadura se valió de la imagen de Pelé, ahora el ícono seria Neymar: una estrella individualista, moldeada por los valores del fútbol neoliberal.

Lula-Richarlison

El triunfo de Lula trajo consigo un sacudón simbólico. El ex tornero aprendió en los años 80 como la «democracia corinthiana» , con el liderazgo del antológico jugador Sócrates, se plantó ante el gobierno militar. Los tiempos que corren son otros, pero el fútbol sigue siendo terreno de disputa. El nuevo ícono de un país en proceso de redemocratización es el centrodelantero Richarlison: la antítesis de Neymar.

El número 9 del combinado votó a Lula y no lo ocultó, se enorgullece de haber nacido en una familia humilde y durante la pandemia desafió a Bolsonaro al proponer que la población se vacune. Y en términos futbolísticos puros, el centrodelantero demostró junto a los atacantes Vinicius Junior, Raphinha y Rodrygo que el combinado ya dejó de ser «Neymardepdendiente».

El blooper de Eduardo

El diputado Eduardo Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), escogido por el presidente como embajador oficioso ante las organizaciones políticas de ultraderecha en América y Europa, llegó de incógnito a Doha para asistir a los partidos del seleccionado de Neymar y Richarlison.

Para su desgracia el hijo del presidente fue captado por las cámaras de la FIFA cuyas imágenes fueron retransmitidas por la brasileña TV Globo durante el partido contra Suiza, jugado el lunes en el 974 Stadium. La repulsa surgió al instante de parte de los militanes bolsonaristas acampados frente al Cuartel General del Ejército desde el 30 de octubre, horas después del triunfo de Lula, donde claman diariamente por un golpe de Estado.

«Nosotros a la intemperie, aguantando las lluvias para luchar por la libertad y Eduardo dándose la gran vida en Qatar», escribió un internauta despechado desde los alrededores de una base militar donde reivindica una intevención militar y despotrica contra el «fraude» de Lula. Al ver las consecuencias de su paso por Doha, Eduardo Bolsonaro pidió a los militantes que «no se dejen engañar por la izquierda». y aseguró haber viajado Oriente Medio no por esparcimiento sino para «contar la verdad» de lo que ocurre en su país.

Los argumentos dieron lugar a ironías y memes , junto a nuevas críticas surgidas de una parte de la base bolsonarista donde comienza a observarse un cierto desgaste. Ocurre que el blooper de Doha catalizó las tensiones entre diversos grupos cuya coexistencia era pacífica hasta antes del ballotage de octubre. El movimiento está fisurado: de un lado están los chiítas embarcados en una aventura golpista que parecen haber caído en el aislamiento (esto no significa que estén condenados a desaparecer) y del otro están sectores del oficialista PL, más interesados en defender sus cargos en el Congreso que en dar la vida por el capitán-presidente.