A Macron no le alcanzarían los votos

 Página/12 en Francia  

Desde París

Entre la meta y la realidad se deslizó una montaña de problemas. El proyecto de reforma de las pensiones francesas presentado por segunda vez se está volviendo para el Ejecutivo una escalada peligrosa. En medio de desacuerdos dentro del grupo parlamentario del presidente Emmanuel Macron, de opiniones divergentes de los expertos y la rebeldía de muchos miembros de la derecha que se niegan a votar el proyecto en estas condiciones, este martes 31 de enero se lleva a cabo la segunda jornada de huelgas y manifestaciones promovidas por las ocho centrales sindicales del país. 

El pasado 19 de enero, la primera marcha contra la reforma congregó en las calles a dos millones de personas (1,12 millones según las autoridades). El frente social está más unido que nunca ante una nueva reforma que apunta a subir de aquí a 2030 la edad mínima para jubilarse a los 64 años (ahora es a los 62 años). El gobierno de la Primera Ministra Elisabeth Borne cuenta con muy pocos apoyos. La llamada base social que sustentaba el proyecto al principio, se fue achicando tanto como el apoyo parlamentario del que contaba hace tres semanas. 

Macron ya no tiene mayoría absoluta

La jefa del Ejecutivo reiteró que no se iba a “retroceder” con la edad mínima de la jubilación. Sin embargo, justo el día en que el proyecto ingresó sus exámenes en la Comisión de la Asamblea Nacional, es lícito admitir que al gobierno le salió todo mal: pese al enorme dispositivo retórico desplegado en el último mes, ni Emmanuel Macron ni su gobierno lograron convencer a la sociedad de la necesidad de la reforma. Peor aún: la pusieron más nerviosa y sembraron dudas y confrontaciones en el seno de su propia mayoría. Si a ello se le suma que el presidente Macron no cuenta con la mayoría absoluta en la Asamblea y que, para evitar que el proyecto se apruebe por decreto necesita de los votos del partido Los Republicanos –con el cuál negoció los términos de la reforma y que este partido ya no respalda el texto como antes– entones se ingresa en un presente incierto.

Tres cuartas partes del país está contra esta reforma que este martes 31 de enero volverá a perturbar con una movilización los metros, buses y trenes, el suministro eléctrico, la educación nacional, el transporte aéreo, la función pública y sectores del mundo privado. La reforma del jefe del Estado creó casi de forma espontánea un enorme frente social opositor que sus creadores no anticiparon. El Ejecutivo y el presidente calculan que, con el tiempo, el frente social se dispersará bajo el efecto del cansancio y la resignación. El cálculo es mediocre si se lo compara con toda la retórica que rodeó un proyecto calificado por sus autores como “el eje central” del segundo mandato de Emmanuel Macron. Hace unas 7 semanas el proyecto parecía fácil de hacer pasar en la Asamblea y más fácil aún, lograr que la opinión pública lo aceptara. Hoy, ambas perspectivas fracasaron: la segunda porque al proyecto se le pegó la etiqueta de ”injusto» y “anti mujeres ” y la primera porque los aliados parlamentarios se fueron rebelando.

Oposición por derecha e izquierda

El macronismo concedió varios puntos de la reforma para que la derecha de Los Republicanos del ex presidente Nicolas Sarkozy la apoyara. La principal consistió en sacarle un año al proyecto inicial y que la edad mínima pasara a los 64 años y no a los 65. En los cálculos del Ejecutivo, para alcanzar los 289 votos necesarios para la aprobación del texto, el gobierno contaba con el voto de los grupos que conforman su mayoría -no absoluta- es decir, Renacimiento, MoDem y Horizontes, más los votos de los 62 diputados Republicanos. Sin embargo, hay aún unos 15 miembros de Los Republicanos que se resisten a aprobar el texto. El gobierno depende de sus votos para salvar el honor de la reforma. Y no es todo. El espectro de una mayoría corta se hacía cada día más visible. El ala izquierda de los macronistas y los sectores más centristas se oponen hoy públicamente a la reforma. Unos 15 diputados macronistas llegaron incluso a amenazar públicamente con no votar el texto actual. La relación entre el poder y la sociedad se empañó y la relación interna con su mayoría se fisuró.

Los baches de la reforma

Así como ingresó ayer en la Asamblea Nacional, la reforma parece redactada por aficionados. Está llena de baches y ausencias que acarrearon tanto la rebeldía de los diputados de la derecha como las 7.000 enmiendas presentadas por la izquierda agrupada en la alianza Nupes (Nueva Unión popular ecologista y social) integrada por Francia Insumisa, los ecologistas, los comunistas y los socialistas. Dos capítulos olvidados por los redactores del texto son las personas con una carrera profesional muy larga que cumplen con los 43 años de cotización antes de los 64 años, y la jubilación de las mujeres que tuvieron hijos .

La negociación sigue en curso, pero este martes la escena la ocuparán los sindicatos. Entre movilizaciones callejeras y divergencias internas se empieza a plantear la última opción de que el texto sea aprobado por decreto. Para una reforma “central” es poco decoroso.

efebbro@pagina12.com.ar