Francisco celebró el Jueves Santo en la cárcel de menores de Roma  

Desde Roma

Los chicos que participaron se mostraron emocionados esta tarde, en la cárcel de menores de Casal del Marmo, cerca de Roma, cuando el Papa Francisco celebró con ellos la misa y el lavado de pies, ceremonia tradicional del Jueves Santo.

Unas 70 personas, entre presos y personal de la cárcel, estuvieron presentes en la pequeña capilla de la prisión donde el papa concelebró con el capellán del instituto, padre Nicolò

No es la primera vez que el Papa Francisco va a esta cárcel para celebrar el Jueves Santo. Lo hizo también en 2013, algunos meses después de haber sido consagrado Pontífice. En la cárcel de Casal del Marmo viven unos 50 muchachos y chicas entre 14 y 25 años. De múltiples orígenes (árabes, africanos, gitanos, etc), ateos y de varias religiones (católicos, ortodoxos, musulmanes). Y las causas de la condena a prisión son varias, desde robos, a trafico de drogas, homicidios o intentos de homicidios. Dentro de la cárcel cuentan con distintos centros donde pueden hacer cursos y forjarse un futuro para cuando salgan: cursos escolares de varios niveles, de peluquería, cocina, jardinería, carpintería.

La antigua tradición de lavar los pies

A 12 de ellos, 10 muchachos y dos chicas (entre ellos dos de etnia sinti, un croata, un musulmán de Senegal, un rumano y uno ruso) el Papa Francisco les lavó y besó los pies. Y cuando terminaba con cada uno de ellos, los chicos le estrechaban la mano y se la besaban y acercándose a Francisco le decían cosas al oído. El Papa sonreía ante cada uno de ellos con sinceridad y alegría. Entre los jóvenes presentes abundaban los que tenían cortes de pelo tipo rapero (hechos claramente dentro de la peluquería de la cárcel), y los tatuajes.

El lavado de pies es una ceremonia muy antigua, que existía ya en época de Jesús, cuando no todos tenían zapatos y la gente que debía entrar a comer a una casa, debía lavarse porque sus pies estaban muy sucios. Pero en esa época era un deber de los esclavos, de la mujer hacia el marido, del hijo respecto al padre.

El lavado de los pies “es una señal de amor” porque con eso Jesús, en la última cena, el día antes de ser crucificado, cuando lavó los pies a sus discípulos, “trató de ayudar a todos, no de juzgarlos”, recordó Francisco. “Es muy bello ayudarse unos a otros, darse la mano. Son gestos humanos universales pero que nacen de un corazón noble”, de “un gesto que anuncia cómo debemos ser, unos con otros”, añadió el Papa, recordando además todas las injusticias que existen en el mundo, la gente sin trabajo o que gana la mitad de lo que debería, las familias destruidas o que no tienen dinero para comprarse los remedios. “Ahora yo haré lo mismo (el lavado de pies, ndr), como recuerdo de lo que Jesús nos ha enseñado: ayudarnos unos a otros. Así la vida será más linda y podremos ir adelante”, concluyó Francisco.

Entre los pedidos que le hicieron los chicos en voz alta a Dios, uno de ellos dijo “Dios aconseja a los gobernantes para que busquen el bien de la población y la paz”.

Agradecimientos

La ceremonia se concluyó con unas palabras muy emocionadas de la directora de la cárcel, Maria Teresa Iuliani. Ella contó que quería agradecerle de la mejor manera al Papa pero que con toda la emoción, se daba cuenta de que “no estaba a la altura”. La directora destacó la “inmensa dulzura” del Papa y agregó: “sólo puedo decir las palabras que me vienen del corazón. Su sonrisa para nosotros es una caricia dulcísima frente a todas las dificultades cotidianas. Esta ayuda nos indica un camino: ir todos juntos, pensando en el bien, sin distinciones y buscando dentro de nosotros la fuerza que nos da la mirada de los otros. Gracias por la hermosa poesía que hoy nos ha regalado”, concluyó.

Al terminar la ceremonia, Francisco saludó a varios detenidos y recibió como regalo una cruz de madera, realizada por los chicos que hacen el curso de carpintería, pero también recibió algunos bizcochos y un paquete de pasta, hecha por los presos que trabajan en la pastelería recientemente inaugurada en la prisión. A los jóvenes, informó el portavoz del Vaticano Matteo Bruni, el Papa les regaló algunos rosarios y varios huevos de Pascua.