Perú: persecución y censura

Al día siguiente -en rigor, en el mismo instante- que nos encontráramos Raúl Zaffaroni y yo -abogados de Pedro Castillo– con el procurador general del Estado de Bolivia, Wilfredo Chávez Serrano, ex abogado de Evo Morales (foto), al igual que Zaffaroni, la justicia peruana cita a Evo Morales a declarar como imputado en una causa por «apología del terrorismo» en el estado de Puno, donde se produjo una matanza.

No solo el amedrentamiento a un líder social indígena, campesino, como Castillo, conformando el mismo núcleo discriminado en ambos países. (Evo Morales regaló a Castillo un cuadro hecho con hojas de coca en su primera visita al país, como es tradición entre dos naciones hermanas, Evo llama a Pedro su «hermano», mismo afecto que tiene López Obrador por la figura de Castillo, que le dijo en México en la primera cumbre en que se conocieron ambos: «yo vengo solo», solo por no tener mucho que ver con el «poder»). Sino los «tiempos» con que estas citaciones se producen y se imponen: tienen la clara forma de una persecución política y un acoso profesional a los abogados.

Uno tiene la sensación extraña -nueva para quien no vivió una dictadura, como es mi caso- de que «nos siguen los pasos», como me dijo explícitamente en Berlín hace unas semanas la presentadora de la Deutsche Welle, Jenny Perez, quien me dijo antes de la entrevista en el piso: «¿vos sabes que te siguen paso a paso no?». No había entendido los alcances de esa frase hasta ayer. En el mismo instante en que Wilfredo Chávez Serrano, que está en el país por motivos del todo ajenos a Castillo o Morales, en su rol técnico de defensor de los intereses del Estado Boliviano (que no tenía Procuración del Tesoro hasta que no gobernó Morales en Bolivia, no tenia el Estado ninguna defensa, tampoco escuela para formar a los abogados!), en extensas audiencias de arbitraje, se sentaba a dialogar con Zaffaroni y conmigo en la Escuela del Cuerpo de Abogados del Estado (ECAE), luego de una jornada extensa en la Universidad de las Madres y en homenaje al genocidio armenio, se preparaba en Perú, en paralelo, (no antes, no después, sino en ese preciso momento) una «citación» contra Evo Morales.

Respuestas

Cronológicamente fue simultáneo. Son «respuestas» a cada nuevo «movimiento», así como el estado peruano evaluó y evalúa fuertemente abandonar el sistema interamericano (por sus «sesgos» y «candados») luego de nuestra presentación -medida cautelar- ante el mismo, en favor de Pedro Castillo, preso en forma arbitraria. Castillo y Evo Morales representan lo mismo. Encarnan a los mismos sectores sociales excluidos de la política (como bien dijo Petro ante la OEA hace pocos días, en otra defensa de Castillo, pueblos a quienes se niega el «derecho a existir»). Por eso Evo Morales apoya tan fuertemente a Castillo. Y por eso ahora persiguen también a Evo. Porque Evo (por suerte!) no calla.

La embajada peruana mandó extensas cartas de queja ante cada entrevista que brindé en Europa. Este nivel de persecución y censura -que ya padeció Amnistía Internacional en Lima- no se condice con una democracia. Y debe cesar. Como debe cesar la persecución a los indígenas peruanos y bolivianos. No es democrático lo que se vive en Perú y los líderes de la región no debieran guardar ningún tipo de silencio al respecto. Las vidas valen más que la «escalada» del dólar. Las vidas que ya no están merecerían conferencias de prensa y titulares que no llegan. No hay medias tintas cuando se atacan principios elementales de la vida en democracia. Ya hay setenta campesinos pobres asesinados en Perú, incluyendo chicas y chicos. Persiguen a Evo como persiguieron a Correa, a Castillo, a Lula, a Lugo, a Cristina. Es un capítulo más de una extensa historia que ya conocemos. Quien no se arrodilla y se calla va preso. Es perseguido. No podemos callar ante semejante injusticia contra los sectores sociales históricamente excluidos, negados, y contra los líderes indígenas (Evo) y populares (Correa, Lula, Lugo, Cristina, Zelaya reivindicado hoy por Xiomara Castro, Castillo, que es un maestro campesino de Cajamarca, que se disculpó en la cárcel por servirme agua de un bidón del piso y en un vaso de plástico “no tengo otra cosa, perdón”) que los representan y les dan voz.  

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